Manifiesto

Buenos Aires, marzo de 2017

Por suerte o por desgracia, la mayoría de los paradigmas que ordenaron la sociedad y la cultura occidental durante el siglo XX están caducos. Sin embargo, buena parte de las elites que fueron moldeadas por ellos insisten en aferrarse a aquellas directrices, que posiblemente aún les brinden seguridades o beneficios. En cualquier caso, lo que sin duda han dejado de ofrecer aquellos preceptos son certezas.

El historiador Eric Hobsbawm, en su reciente obra Un tiempo de rupturas, señala que vivimos “un tiempo de incertidumbre en que miramos hacia delante con perplejidad, sin guías que orienten nuestro camino hacia un futuro irreconocible”. En este contexto, complejo y cambiante, urge llevar a cabo lo que el propio Hobsbawm propone como una “reflexión sobre un presente convulso”.  Precisamente, la incertidumbre aparece como uno de los aspectos más definitorios del nuevo tiempo. Porque los cambios no dejan de producirse. Porque la nueva era es exquisitamente diversa. Porque los viejos dogmas entraron en desuso. Y porque ni sabemos bien los porqués ni pareciera necesario saberlos.

Hoy, el casi uno por ciento de la población, pleno de privilegios, que concentra tanta o más riqueza que todo el resto de los seres humanos, ha construido un mundo a su imagen y semejanza. Este nuevo dios posmoderno utiliza todos los instrumentos que están a su alcance (cada vez más, y más sofisticados)para conservar y reproducir su hegemonía. Al resto de las personas, al otro 99%, nos toca observar el banquete desde la vidriera y tratar de pasarla bien entretenidos con lo que aparece a nuestro alcance, si es que algo sigue ahí. Mientras tanto, los numerosos institutos, organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos, laboratorios científicos, sindicatos, organizaciones sociales y demás instancias de construcción de acción y pensamiento crítico sufren dos grandes infortunios: casi todo ha perdido sustancia ante el inmenso flujo de información inextricable, y la realidad global que se presenta resulta inabarcable. Dos problemas que no afectan a ese casi uno por ciento.

Para nosotros, los que emprendemos esta aventura mientras transitamos un tiempo de rupturas, solo se trata de “abarcar lo inabarcable”. En definitiva, si el mundo es lo que algunos imaginaron, puede que la clave sea imaginar un nuevo mundo.

Nos toca vivir al sur de Sudamérica. Para envidia de muchos y consuelo de pocos, este es el lugar desde donde miramos el universo. Desde donde accionamos cotidianamente y pensamos sobre nuestras desventuras y nuestras alegrías pasadas, presentes y futuras. Desde este rincón del planeta, sentimos que otro tipo de sociedad es absolutamente posible, solo que algunos intentan negarlo o impedirlo, y ya sabemos por qué. Una de las maneras recurrentes para hacerlo es fragmentarnos. Otra es entretenernos con las noticias del día. Y la de siempre, la que mejor les funciona, es la de atemorizarnos. Desde este rincón del planeta, esperamos aportar una mirada crítica que se aleje de la coyuntura para poner en foco los grandes desafíos que el país y la región enfrentan y enfrentarán, si es que de verdad nos proponemos vivir en una comunidad mejor, con todo lo que implica.

El futuro es incierto, pero la oportunidad, infinita. Allá vamos, sin miedo a soñar.