Resquicios


Por Olga Marín

Buenos Aires, 20 de agosto de 2017

Mariano se levanta de la cama, va hacia la ventana y abre las cortinas. Se asoma. Cris, el joven del quiosco de la esquina, está en la calle, justo en la puerta de su edificio. Viste un pantalón y una camisa negros y agarra un radiocasete con una de sus manos. Cris levanta la vista, ve a Mariano en la ventana y sonríe. Apoya el radiocasete en el suelo y presiona un botón del aparato. Suena “Desde esa noche”, de Thalia, a todo volumen.

Desde esa noche te extraño en mi habitación
Creo que puedo caer en una adicción, contigo

Cris baila moviendo las caderas de un lado a otro al son de la música y canta con cara afectada mientras mira hacia la ventana. Mariano cierra las cortinas con rapidez. Aprieta la tela de las cortinas que tiene entre sus manos y mira hacia la calle por un pequeño resquicio. Cris se lleva las manos al pecho, se abre la camisa haciendo saltar los botones y mantiene los brazos en cruz mostrando su torso desnudo. Mariano abre las cortinas. Cris señala a Mariano con ambos brazos y canta a pleno pulmón.

No me esperaba jamás una historia así
Siento mil cosas por ti, siento mil cosas

Oscuridad. Silencio. Mariano abre los ojos y se incorpora en la cama. Está desnudo, transpirado y tiene la respiración entrecortada. Mira su pene erecto y lo oculta con ambas manos. Tantea el suelo, encuentra el calzón y se lo pone. Busca en la mesita de luz su paquete de cigarrillos, saca uno, lo prende. Se levanta y va hacia la ventana. Mira por el resquicio de las cortinas cerradas. Vuelve sus ojos hacia la cama, niega con la cabeza, revuelve su cabello con la mano. Abre las cortinas. Da una calada profunda al cigarrillo y lo tira hacia la calle. El cigarrillo cae dejando un halo de luz. Rebota en el suelo y saltan chispas. La brasa se agota en pocos segundos. Mariano va hacia la cama y se tumba con cuidado. A su lado hay un cuerpo desnudo. Mariano lo observa: su cabello, su rostro, sus senos, su pubis. Mariano cruza los brazos debajo de su cabeza y mira hacia la ventana. El cuerpo se mueve y habla con los ojos cerrados y con un vago movimiento de boca.

―¿Otra pesadilla…?
―Sueños ―contesta Mariano.
―¿Eh…?
―Las pesadillas.
―¿Otra vez…?
―También son sueños.
―¿Qué…?
―Nada.

El cuerpo le acaricia un brazo y se gira mostrando su espalda. Las cortinas abiertas se agitan. Mariano se levanta, cierra la ventana, corre las cortinas y vuelve a su cama matrimonial.