Nancy


Por Olga Marín

Buenos Aires, 28 de octubre de 2017

Abro la puerta del departamento del tío Víctor, dejo mi mochila en el suelo y echo un vistazo. De momento: un sofá de cuero, un plasma yun mueble bar. ¿Qué más se puede pedir? Eso sí, hay un olor fuerte en la casa, como dulzón. ¿Flores? Me acuerdo de Ana y la llamo. No contesta. Le escribo un mensaje: “La casa está diez puntos. Llámame. Te quiero”. Voy al mueble bar y elijo sin dudarlo la botella de Cardhu. Agarro un vaso, me sirvo y lo acabo de un golpe.Paso el dedo por el mueble: limpio. No se ha juntado ni polvo, en realidad no llega a dos semanas que el tío se murió. Me pongo otro whisky y voy a ver qué encuentropor el pasillo.

Hay tres puertas: una a cada lado y otra al fondo. Abro la de la derecha: el aseo. La de enfrente:undespacho.Lapuerta del fondo:un dormitorio. Hay alguien en la cama. Se me cae el whisky,digo perdón y cierro la puerta. No me lo puedo creer. ¿Quién coño es? Me froto la cara, respiro profundo y golpeo la puerta. Nadie responde. Golpeo de nuevo y pregunto¿quién está ahí? Abro. El cuerposigue en la cama, está tapado hasta el cuello y me da la espalda. Solo veouna melena negra sobre la almohada. Me acerco y quito de un tirón la sábana. Queda al descubierto un cuerpode mujer. Lleva un picardías rojo y permanece totalmente inmóvil. ¿Está bien?, pregunto. No responde. Toco uno de sus pies desnudos. Está frío. Tomo a la mujer por uno de sus hombros y la pongo boca arriba. Tiene los ojos abiertos y sonríe. De su cuello, cuelga una cadena dorada que pone Nancy. Reviso el collar, un resorte salta y la cabeza se separa del cuerpo hacia arriba. ¡Hostias!¡Si es una muñeca! Me río, vuelvo a encajar la cabeza en el cuello y la miro de arribaabajo. Acojonante lo real que parece. Sin poder evitarlo,le levanto el picardías. Las tetas son perfectas, con sus pezones rosados y todo. Las aprieto. Increíbles.Bajo un poco el pequeño tanga rojo que le cubre el sexo. La zona del  pubis está cubierta de pelo moreno, fino y rizado. Me empalmo. La agarro y me la llevo al salón. La siento en el sofá. Llamo a Ana. No contesta. Le mando un mensaje: “No te vas a creer lo que acabo de encontrar. ¿Cuándo vienes? Te quiero”. Me acerco al mueble bar y me sirvo whisky en un vaso nuevo. Lo termino de un trago y me pongo otro. Me siento junto a Nancy y la miro. Una muñeca de estas debe costar una talegada. Podría venderla, aunque no sé si alguien la querrá de segunda mano. Pienso en lavarla. Termino mi whisky y me la llevo al cuarto de baño. La desnudo y la meto en la bañera. Agarro una esponja, un poco de gel y comienzo a enjabonarla. Las tetas, los brazos, el pubis. Introduzco mis dedos enjabonados dentro de su vagina. Miro a Nancy, ella sonríe. Me empalmo. Es increíble lo bien hecha que está. La enjuago bien con el duchador y la seco con una toalla. Su piel es suave y huele a flores. ¿Rosas? Le pongo de vuelta el picardías y el tanguita rojos. La llevo al salón, la siento en el sofá y la miro.Nancyve la televisión, sus labios están entreabiertos. Le acaricio una mano. Llamo a Ana. No contesta. Le envío un mensaje: “¿Todo bien? Contéstame. Te quiero”. Me acerco al mueble bar, me sirvo un whisky, agarro con fuerza el vaso y me lo bebo.

Cuando comienza a anochecer, llevo doce mensajes a Ana, todos sin respuesta. Nancy sigue viendo la televisión. Yo tengo hambre. Me acerco a la heladera y la abro. Un poco de queso, medio lomo embuchado y una lata abierta de aceitunas. Agarro la lata de aceitunas, la huelo. Perfectas. Saco las aceitunas, el lomo y preparo un tentempié en un plato. Dejo la picada sobre la mesa ratona, miro a Nancy y sonrío. Cómo le queda ese picardías rojo, la locura. Agarro el mando de la televisión, la apago y pongo algo de música en mi celular. Me acerco al mueble bar y sirvo dos vasos de whisky, uno para Nancy y otro para mí. Me siento en el sofá, agarro mivaso de whisky yacariciola rodilla de Nancy. Comienzo a subir mi mano por su muslo hasta llegar a la entrepierna, sorteo su tanga y frotocon suavidadsu pelo púbico. Miro a Nancy, ella sonríe. Me empalmo.

El sol de la mañana nos pilla desnudos en la cama. Nancy ya tiene los ojos abiertos. Me incorporo, busco mi calzón en el suelo, me lo pongo y me levanto. Suena un mensaje en mi celular. Lo agarro de la mesita de noche. Es Ana: “Respeta la orden de alejamiento, Juan, o volveré a avisar a la policía”. Miro a Nancy, ella sonríe. Apago el celular y lo dejo donde estaba. Me inclino hacia Nancy, acaricio sus labios y le susurro al oído:yo preparo el desayuno. Mientras voy hacia la cocina, me doy cuenta. Violetas, eso es, mi Nancy huele a violetas.