La nueva izquierda portuguesa: el terror de la troika


Por Ignacio Marín

Madrid, 14 de octubre de 2017

Tras años sufriendo los recortes de la troika, Portugal ha dicho basta. El frente de izquierdas que gobierna desde hace dos años el país luso está sorprendiendo con unas políticas tan efectivas como equitativas que conllevan crecimiento económico y paz social a partes iguales. Si los medios tradicionales no están informando sobre esta nueva esperanza para el progresismo mundial es precisamente porque funciona y porque los poderes tradicionales la temen.

Desde hace algún tiempo es complicado encontrar en mi país información política sobre Portugal. La verdad es que nunca ha abundado, es una nación tan cercana como ajena en lo que a conocimiento sobre sus instituciones se refiere, máxime cuando en España las necesidades de la información doméstica copan prácticamente todos los espacios. Sin embargo, desde que António Costa y su bloque de izquierdas están dando un ejemplo de entendimiento y de desarrollo de medidas económicas y sociales eficaces, la información se ha esfumado totalmente de los medios españoles. ¿Los grandes poderes económicos y políticos se sienten amenazados por las experiencias positivas de esta nueva izquierda? ¿Está en peligro el eterno mantra conservador que concibe la derecha como la única fuerza capaz del desarrollo económico? Sea como fuere, gran parte del futuro de la izquierda mundial depende de la legislatura del Gobierno Costa.

La victoria del “Gobierno de los perdedores”

António Costa alcanzó el poder en noviembre de 2015 con el denominado “Gobierno de los perdedores”. Este ejecutivo vilipendiado, pero minusvalorado, está formado por el propio Partido Socialista de Costa en coalición con el Partido Comunista y con el Bloco de Esquerda, amalgama de partidos minoritarios de izquierda. En aquel año 2015, la oposición se felicitaba por las diferencias ideológicas existentes entre los distintos socios de la coalición, convencidos de que provocarían la convocatoria de nuevas elecciones en verano de 2016. Se equivocaron estrepitosamente.

Geringonça fue la palabra portuguesa con la que políticos y periodistas conservadores definieron al Gobierno de izquierdas de Costa, con tal fruición, que fue elegida Palabra del año en 2016. Podríamos traducirla como “algo inestable, difícil de manejar y que se estropea con facilidad”. En castellano, vendría a ser, más o menos, “una chapuza”. Sin embargo, dicha coalición, en tan solo unos años, ha conseguido transformar a un país rescatado y con un plan de austeridad asfixiante en uno de los polos de desarrollo europeo con una paz social envidiable.

Antes de la llegada de Costa, el panorama en Portugal era verdaderamente desolador. El Gobierno del conservador Pedro Passos Coelho aplicó a rajatabla los dictados de la troika, que no dieron más frutos que injusticia y brecha social. El Ejecutivo se vio obligado a pedir el rescate a la Unión Europea en un ambiente de crispación y de continuas huelgas generales. A pesar del aumento de la impopularidad de Passos Coelho en las elecciones de 2015, la coalición que dirige, Portugal al Frente (formada por su Partido Social Demócrata y por el Centro Democrático Social-Partido Popular), resultó ganadora con un 38,6 % de los votos, 107 escaños, aunque lejos de los 230 que suponen la mayoría absoluta. Ante este resultado, la constitución del sistema político semipresidencialista de Portugal otorga al presidente de la República el poder de interpretar las elecciones y de designar quién ha de formar Gobierno. De este modo, el conservador Aníbal Cavaco Silva, presidente de la República portuguesa en aquel momento, encargó la tarea de formar Gobierno a Passos Coelho, a pesar de que su escasa mayoría se pudiera traducir en una clara inestabilidad institucional. La suma de escaños de los diferentes partidos de la oposición era superior a la de la coalición de Passos Coelho (123 frente a 107) por lo que, en la primera oportunidad que surgió, el nuevo Gobierno fue tumbado con una moción de censura y, tras una segunda ronda de conversaciones, António Costa se convirtió en el primer ministro de Portugal el 26 de noviembre de 2015.

Cerca de dos años después, el otrora denominado “Gobierno de los perdedores” es la envidia del progresismo mundial y está provocando que se tiren de los pelos los defensores de la troika. La República portuguesa no solo ha vuelto a generar crecimiento, sino que ha reducido su déficit fiscal hasta el 2,1 %, cuatro décimas por debajo de la exigencia del Eurogrupo, alcanzando así una cifra desconocida en el país luso desde la recuperación de la democracia en 1974. Un desarrollo económico que, además, viene acompañado de un aumento de la paz social gracias a la reducción del desempleo, ubicado en la actualidad en un 9,1 %, cercano al 7,7 % de la media europea y lejos del 17,1 % que, por ejemplo, sufre España.

 

Las claves del bienestar social y económico

Desde el día en que accedió al poder, el nuevo Ejecutivo portugués se esforzó para poner en marcha medidas socialmente justas. En este sentido, se ha realizado un incremento de las pensiones y una subida del salario mínimo, que alcanza a día de hoy cerca de los 650 euros. Por otro lado, la lucha contra el deterioro de la sanidad y de la educación pública han sido reivindicaciones clásicas de la izquierda ibérica que el Gobierno de Costa también ha tenido a bien apoyar. El actual Ejecutivo está aumentando la inversión en sanidad pública y ha implantado la gratuidad de los libros de texto en la educación primaria, además de defender la educación pública sobre la privada, aumentar las becas universitarias y disminuir las tasas.

Asimismo, se trabaja en la recuperación de la inversión pública, diezmada por el anterior Gobierno conservador. De este modo, servicios como el transporte público urbano, muchas autopistas o la aerolínea nacional TAP están desandando el camino de la privatización impuesta por Passos Coelho.

En cuanto a aspectos puramente ideológicos, tras años de obstáculos y de presiones por parte de la derecha y de la Iglesia, el nuevo Ejecutivo ha logrado eliminar las trabas para la práctica del aborto y se ha reconocido a los homosexuales el derecho a adoptar.

Gracias a estas acciones, en tan solo la mitad de la legislatura, la coalición de izquierdas que gobierna Portugal se ha ganado la confianza de las calles lusas y de los poderes económicos comunitarios. El último espaldarazo ha llegado en las elecciones municipales de principios de octubre, en las que el Partido Socialista de Costa ha resultado el gran vencedor: logró alrededor del 38 % de los votos, el mejor resultado de su historia en unas elecciones municipales. En cambio, Passos Coelho vuelve a ser el perjudicado de los comicios. Su partido, el conservador Partido Social Demócrata ha perdido fuelle debido a la merma de su popularidad y a la cada vez más clara necesidad de sustituir al ex primer ministro por una figura no tan desgastada. Por su lado, el Partido Comunista también ha visto disminuido su rédito electoral, obteniendo 1,6 puntos menos que en las últimas elecciones municipales, como resultado del crecimiento del Partido Socialista de Costa y de la decepción de muchos comunistas ortodoxos por el pacto nacional con los socialistas.

El diálogo como base para la construcción de soluciones

A pesar de los éxitos de la coalición, los comunistas no son los únicos en sentirse decepcionados. En la segunda parte de la legislatura, António Costa tendrá que maniobrar con unos socios que tienen entre sus pretensiones abandonar la Unión Europea (el Partido Comunista) y el euro (el Bloco de Esquerda).

Aun así, el trabajo de diálogo y consenso entre posturas políticas de izquierda tan dispares, que la coalición de Costa está llevando a cabo, es todo un ejemplo para cualquier ideología. Un consenso que, por ejemplo, no se consiguió entre los partidos de izquierda en España, hecho que facilitó al Partido Popular de Mariano Rajoy (con el apoyo del también conservador Ciudadanos) acceder al Gobierno. La alianza de todo el espectro de la izquierda española, desde el Partido Socialista Obrero Español hasta Podemos, hubiera posibilitado desarrollar políticas socialmente más justas. Políticas que, hoy por hoy, brillan por su ausencia en un país que ve aumentar de manera imparable la brecha salarial y, por ende, la desigualdad social. Un país con un problema territorial que exige soluciones acuciantes, como estamos viendo con el conflicto en Cataluña, y que precisa de un nuevo modelo territorial, radicalmente distinto al actual, que el gobierno reaccionario de Rajoy ni tan siquiera se plantea.

Por todo ello, Portugal se ha convertido en ejemplo no solo para la izquierda, perdida desde hace años en conflictos internos y disputas de difícil solución, sino para cualquier político, al demostrar que el crecimiento económico no está reñido con la lucha contra la desigualdad ni con la conquista de los avances sociales. El caso portugués supone una auténtica lección de diálogo y de entendimiento entre distintas ideologías, más allá de partidismos, ya que lo que ha de prevalecer en política es el servicio a la ciudadanía. Harían bien, todos los políticos honrados del mundo, en tomar buena nota de cómo legislar pensando en el pueblo y no en los poderes económicos.


REFERENCIAS

EZEZAGUNA, A. (2016) “La inesperada estabilidad de la geringonça” extraído de: http://ctxt.es/es/20161019/Politica/9047/Portugal-geringon%C3%A7a-gobierno-de-izquierda-Antonio-Costa.htm (recuperado el 08/10/2017).

HERRANZ, D. (2017) “El Gobierno de izquierdas portugués cumple su palabra de ‘pasar la página de la austeridad'” extraído de: http://www.publico.es/internacional/gobierno-izquierdas-portugues-cumple-palabra.html (recuperado el 08/10/2017).

MARTÍN DEL BARRIO, J. (2017) “El socialismo portugués arrasa en las elecciones municipales” extraído de: https://elpais.com/internacional/2017/10/02/actualidad/1506897109_854716.html (recuperado el 08/10/2017).

PADULA, E. (2017) “Portugal, una historia de éxito imprevisto” extraído de: http://www.padulapartners.com/portugal-historia-exito-imprevisto/ (recuperado el 08/10/2017).