El maltrato al periodismo por parte de los medios españoles


Por Ignacio Marín

Madrid, 5 de septiembre de 2017

El servilismo al capital parece ser una regla sine qua non para los que en España quieren dedicarse al periodismo. La tergiversación y la manipulación son armas eficaces que los profesionales están obligados a blandir para combatir a los enemigos del neoliberalismo, obviando la ética y la deontología de esta profesión. Explorar las posibilidades de la prensa digital y las formas de financiación alternativa se ha convertido en toda una obligación para los que se atreven a ejercer un periodismo responsable y crítico.

Quienes nos dedicamos a la comunicación en España somos conscientes del poder decisor que las grandes corporaciones tienen en los grupos mediáticos de nuestro país. La reciente crisis económica ha terminado con muchas cabeceras, incapaces de sobrevivir con unos menguantes ingresos publicitarios y con una caída imparable de las ventas.

En esta situación, muchas empresas han tenido que decidir quiénes iban a ser los receptores de su escasa, pero vital financiación, eligiendo en la mayoría de los casos a aquellos con los que comparten intereses. Medios “amigos” que llevan a cabo un tratamiento amable de todas las informaciones que puedan influir a la compañía, que saben comportarse cuando la reputación de la empresa está en juego y atacar a los enemigos del statu quo cuando es preciso. El reparto de la publicidad institucional también es un jugoso trozo del pastel. Los gobiernos de los diferentes niveles administrativos determinan qué medios de comunicación son los adecuados para publicitar sus campañas. Obviamente, entre ellos, el Gobierno central suele ser el más generoso de todos. De esta manera, las distintas administraciones pueden decidir a qué medios castigar, privándoles de sus asignaciones, lo que en muchas ocasiones puede suponer su desaparición.

Uno de los ejemplos más escandalosos en la Comunidad de Madrid fue el reparto de dádivas en forma de publicidad institucional entre sus pares ideológicos durante las legislaturas de Esperanza Aguirre (2003-2012) e Ignacio González (2012-2015), ambos del conservador Partido Popular. La empresa pública de gestión del agua en la región, el Canal de Isabel II, invirtió 55 millones de euros basándose en criterios de afinidad política con los medios, en vez de en su tirada o en su difusión. Así, los diarios conservadores ABC o La Razón fueron las cabeceras más beneficiadas a pesar de que otras más moderadas, como El País y El Mundo, las superaban en tirada. Del mismo modo, entre otros medios reaccionarios, Intereconomía cobró 1,38 millones de euros, al mismo tiempo que Libertad Digital y esRadio recibían 1,24 millones cada uno. Cifra, esta última, similar a la percibida por Televisión Española (TVE) en el mismo periodo, dato que llama poderosamente la atención, ya que tanto Libertad Digital como esRadio son medios con una audiencia secundaria y la TVE, el ente público nacional.

Sin embargo, no es un caso aislado. El Ayuntamiento de Madrid, en tiempos de la alcaldesa Ana Botella (conservadora y mujer del expresidente José María Aznar), también premió a las cabeceras más afines sin atender a los lógicos criterios de difusión. Durante su legislatura (2013-2015), destinó más de 21 millones de euros a publicidad institucional, gran parte de los cuales volvieron a recalar en medios tan conservadores como el diario ABC o la Cadena COPE (de hondo carácter católico).

Obviamente, los medios de comunicación no reciben estos significativos óbolos sin motivo. No solo cuenta la afinidad política, también se premia toda una trayectoria al servicio de la gran empresa, siempre coaligada, en España, con el poder político más reaccionario, la Iglesia Católica y la Familia Real. De hecho, la mayoría de las cabeceras y cadenas se han puesto del lado de las compañías del Ibex35 (índice bursátil español de referencia formado por las 35 empresas más potentes, algo así como el Merval argentino), en algunas ocasiones, intencionadamente y, en otras, arrastradas por la acuciante necesidad de ingresos publicitarios. En cualquiera de los casos, muchas veces han ocupado esa posición en contra de los intereses de los ciudadanos.

Los que cambian de bando y demás súbditos

El diario El País, paradigma en su momento del periodismo posfranquista, ha visto reducir su calidad y abandonar sus posiciones progresistas en los últimos años para convertirse en un vocero más del capital, lo que le ha supuesto un descenso considerable en su volumen de ventas.

El grupo mediático PRISA, propietario tanto del diario El País como de la Cadena SER (otrora vanguardia radiofónica de la progresía española), se ha embarcado en verdaderas campañas de desinformación contra los enemigos de los intereses económicos de su presidente, Juan Luis Cebrián, o de cualquiera de sus accionistas, entre los que se hallan Telefónica, HSBC, La Caixa, Santander y fondos buitre. Uno de los escándalos más sonados fue la intromisión de los medios del grupo PRISA, con El País al frente, en las decisiones internas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de Podemos. En el caso del PSOE, Pedro Sánchez, su secretario general, denunció presiones por parte del mencionado conglomerado mediático en contra de un posible pacto con Podemos, aparte de haber llevado a cabo, durante las primarias, un descarado apoyo a la otra candidata del partido, la actual presidenta de Andalucía Susana Díaz. Además, PRISA interpuso demandas contra los medios de comunicación que difundieron informaciones sobre las posibles relaciones de Cebrián con los papeles de Panamá y con la petrolera Star Petroleum, presidida por el polémico empresario iraní Massoud Zandi. Cebrián denunció que la publicación de estas informaciones ponía en peligro la imagen de su compañía y, por lo tanto, de sus negocios.

Si así se comporta un diario tildado de progresista, asusta pensar en el enfoque que hacen de la información los más conservadores y reaccionarios. El tratamiento peyorativo del 15M llevado a cabo por parte de medios como la Cadena COPE, Intereconomía, ABC, La Razón o entes públicos tales como Telemadrid (propiedad del gobierno regional madrileño) y TVE es un auténtico ejemplo de ausencia de deontología periodística. Los periodistas adscritos al poder percibieron este movimiento como una amenaza al statu quo económico y bipartidista, por lo que no dudaron en acusar a dicha movilización popular, caracterizada por un espíritu asambleario y pacifista, de estar relacionada con ETA y con movimientos dictatoriales e integristas. Podemos, que tiene como germen el 15M, ha heredado este tipo de ataques en los que todo está permitido y en los que predominan titulares con finalidad humorística más que informativa.

Quizás el caso más grotesco sea el del diario La Razón, cabecera reaccionaria repleta de portadas que frisan lo cómico y titulares que se convierten automáticamente en memes de Internet. Su director, Francisco Marhuenda, se pasea por las tertulias políticas televisas convertido en acicate para vencer una imaginaria conspiración marxista, regalando una dudosa imagen como periodista. Mientras, su columnista estrella, Alfonso Ussía, esputa todos los días, en la contraportada, artículos tintados de xenofobia, machismo y apología al franquismo.

Entre otros ejemplos de su accionar, La Razón no dudó en ser vanguardista a la hora de atacar al juez José Castro, quien se atrevió a investigar las conexiones de la Familia Real en un caso de corrupción muy sonado. La denominación de “juez castrista”, con el objetivo de relacionar al jurista con Fidel Castro, parece un ardid más propio de niños de párvulos que de egresados universitarios. Asimismo, en 2013, este diario se dedicó a criminalizar al conductor de un tren de alta velocidad siniestrado en Galicia en el que fallecieron 80 personas. En esta ocasión, la finalidad fue poner a la opinión pública en contra del maquinista para dinamitar una investigación que, finalmente, demostraría irregularidades en infraestructuras responsabilidad del Gobierno de Mariano Rajoy.

La información internacional al servicio de las multinacionales

Es en lo referente a la actualidad internacional cuando la prensa española tradicional informa de manera más tendenciosa en beneficio del gran capital. Un hecho noticiable de cualquier región del mundo será recogido y tergiversado siempre y cuando afecte a un poder económico afín al medio o ponga en peligro su statu quo.

Resulta especialmente significativo el particular punto de vista de la prensa española partidaria sobre lo que ocurre en Latinoamérica. No podemos obviar algo que es vox populi: la multitud de intereses económicos que el Ibex35 tiene en esta región. Por eso, sus voceros tienen que emplearse a fondo para informar bajo el foco de lo que le interesa al poder. Telefónica, BBVA, Santander, Repsol o Sacyr (una de las constructoras del Canal de Panamá) son algunas de las compañías con mayor presencia en estos países. Empresas que, cuando ven amenazados sus intereses, no dudan en pedir la ayuda del Gobierno español y de los medios de comunicación para defender a los verdaderos tenedores de la soberanía española. Intereses que, adecuadamente satisfechos mediante gobiernos colaboracionistas y leyes ventajosas (como en el caso de México o de Colombia), permiten que el foco informativo sobre sus realidades sea bastante laxo.

Un buen ejemplo de esta situación fue la expropiación por parte de YPF de la participación de Repsol. La prensa española más o menos afín a la derecha no tardó en atacar a Cristina Kirchner, presidenta de la Argentina en aquel momento, y en especial a su ministro de Economía, Axel Kicilloff, que fue convertido en una suerte de monstruo antiespañol por los medios más reaccionarios. El Gobierno de Rajoy no dudó en movilizar a sus ministros para este asunto meramente empresarial. En la agresiva respuesta del ejecutivo conservador, el ministro español de Industria, José Manuel Soria, amenazó diciendo que cualquier “gesto de hostilidad” contra empresas de su país sería interpretado como un gesto “hacia España” y que traería consigo “consecuencias”.

Por su parte, los medios de comunicación nos vendieron la situación como una verdadera afrenta a todos los españoles. Portadas con imágenes de una demonizada Cristina Kirchner, junto con titulares como “La guerra sucia de Kirchner” (La Razón), “Ultraje” (ABC), “Kirchner expropia YPF y reta a España” (Expansión) o “Kirchner se burla de España y nacionaliza el 51 % de YPF” (El Economista) llamaban a la indignación. De hecho, el 17 de abril de 2012, el diario La Razón publicó, bajo el “conciliador” titular “Lady Bótox Vaca Muerta”, perlas como: “El asalto a Repsol por parte de la cuadrilla peronista, esa organización mafiosa disfrazada de ideología política, reaviva los tópicos más siniestros que pesan sobre Argentina como un país de opereta, poco fiable y parasitario, que gobiernan tiranuelos con delirios de grandeza” o “Gracias a que los españoles tenemos parientes allí, sabemos con certeza que la expropiación de Repsol les duele a ellos igual que a nosotros, no solo por el quebranto económico de los pequeños accionistas, sino por lo que tiene de atropello al sentimiento familiar que nos une”.

Sin embargo, a ese “dolor” y a ese “atropello al sentimiento familiar”, no aludió La Razón en relación con las penurias que cientos de miles de españoles sufrieron durante ese mismo año 2012, uno de los más cruentos de la crisis, como consecuencia de los recortes realizados por el gabinete de Rajoy. En todo caso, el único dolor que hubieran podido sentir los españoles por Repsol habría estado vinculado a la escasa transformación de la riqueza de esta empresa en beneficios para sus empleados, ya que, entre 1998 y 2007, mientras la compañía incrementaba sus ganancias en un 12 %, las contrataciones lo hacían en un 4,84 % y el salario medio de sus trabajadores en un 1,71 %. En cualquier caso, aquella llamada al patriotismo fue un fraude, ya que más de la mitad de la empresa es propiedad de capital extranjero y además evita pagar impuestos a la Hacienda española, utilizando paraísos fiscales para evadir y eludir impuestos.

Al final, la Argentina dejó de ser “un país de opereta, poco fiable y parasitario” para las cabeceras conservadoras en cuanto el kirchnerismo abandonó la Casa Rosada. El Ibex35 respiró tranquilo con el desembarco del actual presidente de la nación, Mauricio Macri. Y para muestra un botón: hace pocos meses, el diario El País “informaba” sobre la visita de la canciller Angela Merkel a Buenos Aires utilizando, entre otras, estas palabras: “Aplaudido por las grandes potencias, que agradecen haber acabado con 13 años de kirchnerismo, el presidente argentino recibió la visita que faltaba para cerrar el círculo del regreso de su país al eje central de las relaciones internacionales”.

Obvia decir que el de la Argentina no es un caso aislado. Venezuela ha resultado ser desde hace años una auténtica máquina de titulares, ya que, independientemente de la grave crisis que está sufriendo desde hace meses, los medios españoles llevan atacando al Gobierno venezolano desde tiempos de Hugo Chávez. Por ello, hoy en día, la situación en Venezuela es un tema de discusión más entre los españoles, como si se tratara de política doméstica.

No es ningún secreto que la doctrina chavista resulta incómoda para los defensores de las grandes multinacionales y de su perorata de libre mercado. Los medios de comunicación incondicionales a la derecha española encuentran especialmente jugosa la información sobre Venezuela, ya que, además de suponer un espaldarazo al Ibex 35, permite resaltar los posibles errores del chavismo para atacar a cualquiera que parezca mínimamente progresista. Tras años de bombardeo informativo sobre Venezuela, se hacen patentes la falta de pudor en la manipulación de los datos y la ignorancia sobre la realidad de aquella región en los autores de esas “informaciones”. Al igual que sucedía con el 15M, estos montajes son tan evidentes que han pasado a convertirse directamente en parodias.

La “beatificación” de los opositores durante los choques con la policía que hacen estos medios está causando mofa en las redes sociales. Un hecho especialmente llamativo fue la publicación de varias imágenes de la explosión de vehículos de la Guardia Nacional Bolivariana en la que resultaron heridos varios policías. Sin embargo, en ningún momento se demostró quién había provocado el incidente. Algún tuit ingenioso sugirió que fue culpa de una “combustión espontánea”. Y este es solo uno de los casos recientes, porque ejemplos antiguos hay muchos y muy conocidos. Algunos tan esperpénticos como ilustrar una supuesta represión chavista con policías rusos o denunciar las torturas a un opositor con la fotografía de un malogrado miembro de ETA.

Además, la manipulación informativa de los periodistas españoles a favor del capital también puede ser por omisión. En su momento, ningún medio tradicional informó sobre los catorce opositores condenados a muerte en Arabia Saudí, evidente vulnerador de los derechos humanos, pero fiel socio de los negocios de grandes empresarios españoles y de la Familia Real.

La necesidad de explorar nuevos caminos

Todo este servilismo no podía pasar desapercibido para los lectores. Según un reciente informe de la Universidad de Oxford, en el que analizan los medios de comunicación de doce países del mundo, los medios de España detentan el primer puesto a la “menor credibilidad” dentro de Europa y el segundo dentro de la muestra mundial estudiada. Esta percepción, junto con la falta de innovación, ha provocado en los últimos años un descenso prolongado de las ventas de diarios, alcanzando cifras verdaderamente alarmantes. Así, el diario El País lidera la caída con un 26,4 %, seguido por El Mundo con un 24 %, ABC con un 22,6 % y La Razón con un 14 %.

Por otro lado, las respuestas periodísticas progresistas sufren el embate de la crisis económica, privadas del apoyo institucional y empresarial. En esta línea, el diario Público se vio obligado a cerrar su edición impresa en febrero de 2012, asfixiado por su situación económica. No obstante, aún queda esperanza para el pensamiento crítico en el mundo digital. De hecho, uno de los medios más importantes en este soporte es la edición digital de Público que, junto a cabeceras como eldiario.es o InfoLibre (dirigido por antiguos periodistas de Público), suponen la nueva vanguardia de la prensa progresista española. En este sentido, Contexto aborda la actualidad con profundidad y con el respeto que merece una profesión tantas veces maltratada. También, otros medios, como La Marea, experimentan nuevas vías de financiación y de asociación cooperativista. En un momento en el que el periodismo impreso está en crisis y la financiación a través de la publicidad nos obliga a jugar con cartas marcadas, quizás haya llegado el momento de explorar nuevos caminos. El viaje promete ser emocionante.

 


REFERENCIAS

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