Ciudades seguras, ciudadanas libres


Por Valeria Amstein
Neuquén, 14 de octubre de 2017

En los últimos años, el movimiento de mujeres y feministas ha cobrado un nuevo impulso y ha ganado las calles con manifestaciones multitudinarias en Argentina y en todo el mundo. El eje vertebrador es la necesidad de poner freno a la violencia machista, que se cobra la vida de una mujer cada 20 horas en Argentina y de 12 mujeres cada día en México, solo por citar dos países latinoamericanos donde el fenómeno es grave. Bajo la consigna Ni Una Menos, las mujeres autoconvocadas se reúnen para exigir medidas concretas que protejan sus vidas y sus libertades. El escenario es la calle: el espacio público urbano, lugar donde también se desarrollan diferentes tipos de violencias que cada día limitan la vida de mujeres y de niñas.

En 1985, la escritora canadiense Margaret Atwood publicó la novela El cuento de la criada, una distopía en la que una dictadura religiosa ultraconservadora se hace con el poder en EE.UU.En esta obra, recientemente transformada en serie de TV con gran repercusión, Atwood describe una sociedad en la que la tasa de natalidad ha descendido drásticamente debido a las guerras y a la contaminación,y donde se suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. En consecuencia, las mujeres no pueden leer ni escribir ni transitar libremente por el espacio públicoy las que aún son fértiles son designadas a familias de la elitecomo reproductoras, para mantener su descendencia.En nuestros días y ante el avance de gobiernos conservadores, considerar esta novela de Atwood como realizableno deja de darnos cierto escozor. ¿Es posible semejante retroceso en los derechos de las mujeres?

Las ciudades de hoy: fuente de temores y de desigualdades

La arquitecta argentina Ana Falú, directora regional del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem) de Brasil y de los Países del Cono Sur,desde 2002 hasta 2009, y actualmente profesora e investigadora de la Universidad de Córdoba, plantea que las transformaciones en las ciudades operadas durante el neoliberalismo profundizaron las segregaciones dentro del espacio urbano. Además, generaron el aumento de la violencia urbana, uno de los problemas centrales para los gobiernos locales. Sin embargo, esta violenciano es percibida ni vivenciadade la misma formapor hombres que por mujeres. Según propone Falú: “Las ciudades no son iguales para las mujeres y para los hombres, y pareciera que mucho menos lo son estas ciudades de hoy, más inabarcables, más desconocidas, menos legibles y, por tanto,fuente de temores y de diferencias que parecen irreductibles”. En consecuencia, resulta prioritario indagar cómo impacta en las mujeres la violencia que se desarrolla en el espacio público, ya que limita sus vidas y las obliga a desarrollar estrategias para protegerse, apropiarse y vivir las ciudades.

Desde hace algún tiempo, el concepto de violencia de género se ha extendido como parte del proceso de comprender que las desigualdades que existen entre hombres y mujeres se transformanen diferentes formas de violencia, cuyo origen es precisamente esa desigualdad. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida también como la Convención de Belém Do Pará, sancionada en 1995, define la violencia contra la mujer como “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Problematizar, reconocer y sancionar conductas que antes de esta convención se consideraban del ámbito privado fue, sin duda, un gran avance en materia de derechos humanos. En este sentido, a día de hoy,se reconoceun continuum de violencias (acosos, agresiones, violaciones y femicidios) contra mujeres y contra niñas que tienen lugar tanto en el ámbito privado como en el público: en el hogar, en las calles, en el transporte público y hasta en las escuelas. De ahí la importancia de considerarlo expuesto por Falú: “La violencia individualizada a través del cuerpo de las mujeres, el cuerpo que habitamos, se transforma en social y política y permite develar y comprender otras discriminaciones […]. El espacio urbano, ya sea público o privatizado, es el soporte físico donde se despliegan, viven y sufren estas violencias”.

Asimismo, entender la ciudad como escenario donde se representan relaciones desiguales de género es pensar la violencia contra las mujeres como la prácticade estas desigualdades. En relación con esta idea, sirve extraer el trabajo de la antropóloga argentina Rita Segato, residente en Brasil durantevarios años,donde realizó una serie de entrevistas apresos condenados por violaciones. Si bien sabemos que la mayor parte de los abusos sexuales son cometidospor conocidos o familiares de las víctimas dentro de contextos privados, Segatoenfoca su investigación enlas violaciones callejeras sin relación previa entre víctimas y victimarios. En la tesis de su estudio, plantea que estos actos no son cometidos para la propia satisfacción del perpetrador, sino que son mensajes hacia el resto de loshombres. Es decir, estos individuos consideran la violación como un mandato que les permite consagrarse como hombre entre los hombres. Además, Segato pone de relievelas condiciones urbanas que posibilitan estos hechos al decir: “Sin duda, las características de Brasilia, con sus gigantescas extensiones vacías, el origen migratorio de la mayor parte de la población y la consiguiente ruptura con el régimen de la comunidad […], tienen un papel importante en la notable incidencia relativa de la violación entre los delitos cometidos en ella. La fórmula de Brasilia: grandes distancias y poca comunidad, constituye el caldo de cultivo ideal para ese delito.”

Por otro lado, la consideracióndel espacio público como un lugarpeligroso por parte de las mujeres limita, sin duda, su autonomía y el desarrollo de sus proyectos de vida. El miedo a circular libremente por la ciudad se transforma en un obstáculo concreto para la realización de actividades físicas o de esparcimiento y provoca falta de confianza en sí mismas, además de aislamiento. Frente a un afuera que resulta amenazante, las mujeres desarrollan sus propias estrategias de protección. Diferentes estudios sobre la violencia contra las mujeres en el ámbito de la calle demuestran que la mayoría de las mujeres se han visto obligadas a realizar uno o más cambios en sus vidas cotidianas para evitar situaciones potencialmente peligrosas. Esto supone cambios enlos horarios laborales yescolares o en los trayectos entre los lugares a los que concurren (aunquesuponga realizar recorridos más largos), además de evitar lugares concretos o no salir solas en determinados horarios. Como parte de estas estrategias, es interesante destacar el uso de la tecnología como herramienta de seguridad. En el caso particular de Argentina, como resultado devarios casos públicos de hechosgraves de violencia contra mujeres jóvenes que habían salido por la noche, surgieron nuevas aplicaciones para celulares vinculadas a esta problemática. Estas permitensaber dónde está una joven a su grupo cercanode personas (familiares y amigos)y emiten una alerta si la señal se corta o no responde a un mensaje. Esto puede resultarútil, pero también suponeuna limitación clara a la autonomía de la mujer, ya que, para sentirse segura, debe estar en contacto permanente con su entorno. La soledad es peligrosa.

Transformar las ciudades en espacios igualitarios

En la actualidad, al mismo tiempo que se genera un progresivo aumento de la población urbana, una transformación de las ciudades en espacios cada vez más heterogéneos y una mayor concentración de las actividades humanas, transitamos un proceso de reconocimiento de las desigualdades de género y de las violencias que estas producen. La violencia contra las mujeres deja de ser un hecho privado para reconocerse como un problema social. ¿Es posible entonces construir ciudades igualitarias? La respuesta es sí, siempre que se asuma este compromiso desde los ámbitos encargados de las decisiones políticas vinculadas a la planificación y al desarrollo urbano.

A partir de las diferentes iniciativas de organismos mundiales, entre las que destaca el programa Ciudades Seguras, Ciudadanas Libres, de Unifem, se han elaborado guías y manuales que apuntan a incorporar la perspectiva de género en la planificación urbana. Esto implica tomar decisiones en distintas dimensiones. Por un lado, a nivel político, supone asumirun compromiso con el objetivo de la equidad de género, que se traduce en modificar el modo de pensar los procesos de intervención en el territorio. Por otro lado, en cuanto a la forma de trabajo, significadesarrollar nuevas metodologías que permitan prever el impacto, en la vida cotidiana de hombres y de mujeres, de las decisiones implícitas en la planificación física. Tener en cuenta las distintas necesidades de hombres y de mujeres en el momento de planificar el recorrido del transporte público, realizar campañas permanentes contra el acoso callejero, mantener los espacios públicos limpios e iluminados y garantizar el acceso al sistema de cuidado deniños y deniñasson algunas medidas concretas que los gobiernos pueden considerarpara transformar las ciudades en espacios igualitarios. Así,podremos conseguir callesque seanrealmente para todos y para todas.


REFERENCIAS

ATWOOD, M. (2017) El cuento de la criada, Editorial Salamandra, Barcelona.

FALÚ, A. (2009) Mujeres en la Ciudad. De violencias y derechos,Red Mujer y Hábitat de América Latina, Ediciones SUR, Santiago de Chile.

FALÚ, A. y SEGOVIA, O. (2007) Ciudades para convivir: sin violencias hacia las mujeres, Ediciones SUR, Santiago de Chile.

SEGATO, R. (2010) Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos, Editorial Prometeo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.